BOMBARDEOS ESTADO GENOCIDA vs ESTADO SOCIAL DE DERECHO

Saludamos la decisión de la rama judicial colombiana de suspender el asesinato de menores a manos de las fuerzas militares, a través de bombardeos indiscriminados en territorios con presencia de población civil, amparados en la guerra contra grupos armados. En medio de la crisis internacional de los Derechos Humanos, esta decisión, constituye un llamado al uso de la razón y el humanismo que deben acompañar el respeto por la vida en medio de las democracias.

¿Cómo es posible que exista alguien en el mundo que defienda el derecho a adelantar acciones militares (bombardeos) en lugares donde hay menores de edad, civiles indefensos o miembros de grupos armados en estado de indefensión, sin tener en cuenta la prevención y el principio de distinción, estipulados en los protocolos de Ginebra (DIH o Derecho de la Guerra)? Los limites existen, no todo vale. La insistencia del gobierno de Abelardo De La Espriella de abusar de este mecanismo de la guerra (Bombardeo) ha causado en solo 30 días de su gobierno, según el periódico “La Nación”, 42 muertos en la Amazonía y Norte de Santander, entre ellos seis menores de edad, lo que deja certezas sobre el carácter autoritario y militarista de este gobierno aliado del imperialismo. Los menores siguen siendo carne de cañón de los últimos tres gobiernos: Iván Duque es responsable del asesinato de más de 40 menores, Gustavo Petro de por lo menos 60 y si el ritmo de Abelardo sigue como va, superaría a los tres gobiernos anteriores que sumados asesinaron 214 menores.

El nivel actual de degradación causado por el sistema capitalista y las practicas genocidas, como la que está desarrollando De La Espriella, con el apoyo de los medios de comunicación corporativos, no afecta solamente a las personas desde el punto de vista material y físico, sino que, con la guerra cognitiva, actúa sobre la escala de valores y cultura de las comunidades, causando serios problemas en su forma de percibir el mundo; porque la guerra se practica también en nuestras mentes, a través de los mensajes de odio, violencia, venganza, racismo, clasismo, fascismo, imponiendo la narrativa hegemónica del opresor y posicionando sus normas y su manera de pensar.

Otra forma de dominación hegemónica, es el derecho y las leyes como instrumento de guerra contra el pueblo. A través del Estado, las élites abusan de la facultad que les da el pueblo por medio del voto popular para proferir leyes que afectan el interés colectivo y la dignidad humana, pero, como es supuestamente legal, la gente termina aceptando y justificando estos atropellos; por ejemplo, las reformas tributarias, el porte de armas, la creación de grupos de justicia privada (paramilitares), el uso desproporcionado de la fuerza y el asesinato de combatientes en estado de indefensión, civiles, infraestructura y semovientes del campesinado; también cobrando la vida de niños, niñas, jóvenes y adolescentes.

Los pueblos no podemos esperar, que las élites y sus peones en los gobiernos, comprendan que no existe la más mínima posibilidad de resolver las causas estructurales que condenaron a la humanidad a toda clase de violencia y desigualdad, a partir de la guerra, los bombardeos y el plomo, cuando todos los problemas son la expresión y las prácticas de un sistema depredador, competitivo, explotador, racista y patriarcal como el capitalismo. ¿Qué debemos hacer para que la sociedad y los pueblos del mundo reaccionen con la unidad, la solidaridad, la rebeldía popular y las acciones de defensa de sus territorios y su soberanía? La Paz se consigue superando todas estas causas que generan la guerra imperialista contra los pueblos y el planeta, se consigue transformando la realidad actual y construyendo poder popular.

La paz es un derecho de los pueblos y en Colombia está amparado legal y constitucionalmente: Nuestro deber es seguir luchando por la dignificación de la vida y en esta tarea estaremos construyendo la paz con transformaciones en materia política, económica, cultural y ambiental. Limitar el abuso del poder y de la fuerza del Estado y sus instituciones, no puede quedar únicamente en manos de sus entes de control y mucho menos de los medios corporativos aliados del poder hegemónico; es fundamental que la sociedad y sus procesos organizados cumplan ese papel a través de veedurías, acciones jurídicas y denuncia política con movilización popular. Debemos convertirnos en la voz crítica de la sociedad contra los poderosos y en el motor de la transformación.

CONGRESO DE LOS PUEBLOS- CdP

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