CAMILO TORRES Y EL SUJETO POLÍTICO PARA LAS TRANSFORMACIONES 58 AÑOS DE SU SIEMBRA
Dos condiciones consideraba Camilo Torres, son indispensables para configurar una situación revolucionaria que le abra camino al poder popular, “…en primer lugar nuestra decisión de llevar la lucha hasta el final cueste lo que cueste, hasta conseguir la toma del poder para el pueblo. En segundo lugar, nuestra insistencia en la unidad en torno a la Plataforma, recalcando en las cosas que nos unen y no en las que nos desunen”[1].
En ese contexto, planteaba que la alianza con capas medias de la población y sectores democráticos presupone que no estén alineados con los intereses de la clase dominante, porque “esa minoría nunca producirá decisiones que afecten sus intereses”[2], puesto que “las decisiones requeridas para un desarrollo socio-económico y político del país en función de las mayorías afectan necesariamente los intereses de la minoría económica”[3]. En similar sentido, el lema bolchevique, durante la revolución soviética, predicaba que en materia de alianzas tácticas había que “marchar separados y golpear juntos”.
Ambos planteamientos, conducen a salvaguardar la identidad, la autonomía y la independencia de clase -clase popular desde la concepción Camilista-, seriamente cuestionadas en el actual momento político por el que transita la lucha de clases en país. La subordinación de la agenda popular al reformismo liberal no solo limita el alcance de sus luchas, sino que la subordina a los intereses de la oligarquía.
Durante el paro nacional y el estallido social, un amplio espectro popular y democrático, enfrentó la profundización de la versión neoliberal del capitalismo a través del denominado paquetazo neoliberal y desafió al régimen de dominación pidiendo la cabeza del gobierno de Duque, articulado en torno al comité nacional de paro (CNP) y un pliego de exigencias por la vida, la paz y la democracia. Surgieron expresiones de poder popular en varias ciudades que confluyeron, junto a un gran número de organizaciones sociales y políticas, en una Asamblea Nacional Popular que se declaró “como un proceso permanente, en perspectiva de constituirse en órgano de poder popular con expresiones sectoriales, territoriales y poblacionales que fortalezca, potencie y desarrolle gobiernos propios, planes de vida, consolide territorios y territorialidades étnicas, campesinas y populares urbanas, y oriente las luchas del pueblo”[4]. Ese proceso se dio como respuesta y alternativa a una política entreguista y desmovilizadora encabezada por un sector del movimiento sindical.
El objetivo era dar un salto cualitativo creando un órgano de poder popular nacional que orientara la profundización de la lucha social en torno a una plataforma de lucha estructurada en 4 ejes que tuvo en cuenta el pliego del CNP: i) transformación del Estado de cara a la construcción de un gobierno obrero, campesino, popular y de los pueblos; ii) economía de transición fundamentada en fondos públicos destinados al sostenimiento de empresas públicas, sociales y comunitarias que desmonten la gestión económica neoliberal del Estado, garantizando la vida digna en líneas trasversales como tributación, trabajo, seguridad social, educación, vivienda y servicios públicos, políticas ambientales, minero energéticas y agrarias; iii) defensa de los territorios, la soberanía social popular, de los pueblos y comunidades étnicas y campesinas ; iv) defensa de la mujer y de las diversidades sexuales con miras a la eliminación del patriarcado.
Ese proceso de lucha se aproximó a las dos condiciones planteadas por Camilo para configurar una situación revolucionaria hacia la instauración de poder popular. Desafortunadamente, dos hechos, el terrorismo de estado que reprimió salvajemente a las comunidades y organizaciones movilizadas y la acción de contención del progresismo, que canalizó electoralmente ese acumulado de lucha con el argumento de que la vía institucional era la propicia para lograr los cambios, confluyeron restándole beligerancia, independencia, y perspectiva estratégica en el marco de un programa liberal reformista que, aunque recoge parcialmente reivindicaciones históricas del movimiento popular; en esencia, es una apuesta por la modernización del capitalismo con un rol más activo al estado –no estrictamente anti neoliberal- , funcional a un sector de la burguesía que demagógicamente reforzó esa estrategia dirigida a subordinar y contrarrestar las aspiraciones populares. Discurso que muy pronto abandonaría, una vez alcanzado el propósito desmovilizador y lograr cuotas de poder en la nueva gobernabilidad, para posteriormente proceder a cerrar filas en contra de cualquier reforma sustantiva al modelo neoliberal y crear las condiciones para la retoma del poder político, cumpliéndose al píe de la letra la afirmación de Camilo: “esa minoría nunca producirá decisiones que afecten sus intereses”.
Más recientemente, en medio del pulso por la elección de la nueva Fiscal General de la Nación, el gobierno evidenció su interés de sujetar la movilización popular a sus objetivos políticos específicos. De manera positiva, un amplio número de organizaciones y sectores sociales respondieron a la convocatoria del presidente Petro a movilizarse para contrarrestar la estrategia dilatoria de la Corte Suprema de Justicia y presionarla para que ejecutara inmediatamente esa responsabilidad administrativa. La acción política legítima y beligerante de algunos sectores y organizaciones sociales trascendió el formato de Petro, por lo que fue cuestionada y reprimida bajo el argumento de estar infiltrada políticamente y haber violentado las directrices de las organizaciones convocantes; reafirmando así la sistemática práctica de subordinación del movimiento popular a la agenda gubernamental, y la primacía de Petro por congraciarse con el régimen antes que legitimar y respaldar el movimiento popular. Si bien, el movimiento popular validó y se sumó a ese pulso para restarle poder a la derecha criminal y mafiosa enquistada en la Fiscalía, no hay que perder de vista que es una institución clave del régimen de dominación, que no cambiará sustancialmente con el arribo de una de las ternadas para suceder a Barbosa, y que su estrategia de judicialización de dirigentes sociales, pieza fundamental en la aplicación de la doctrina de seguridad, seguramente no cambiará, por lo tanto debe seguir siendo denunciada y confrontada.
Estos hechos corroboran que el pueblo debe entender, como planteaba Camilo, que, “las decisiones requeridas para un desarrollo socio-económico y político del país en función de las mayorías afectan necesariamente los intereses de la minoría económica”. En consecuencia, “es indispensable un cambio en la estructura del poder político para que las mayorías organizadas produzcan las decisiones”, ello demanda un fuerza social revolucionaria capaz de “darle base a un nuevo poder político por lo cual se requiere su pronta formación”[5]. Es posible que un gobierno progresista allane el camino de las transformaciones, siempre y cuando su gobernabilidad esté fundamentada y enfocada en el fortalecimiento del poder popular y las reformas se entiendan en la misma perspectiva; no obstante, lo que han demostrado la mayoría de experiencias progresistas en el continente es qué, en última instancia, sirven a los intereses de la clase dominante. Razón por la cual le corresponde al poder popular la tarea de las transformaciones y no endosarla a un gobierno que, aunque prometa cambios, estos no serán posibles por dos razones: la primera, porque la burguesía no lo permitirá y, la segunda, porque por su concepción conciliacionista el progresismo priorizará acuerdos con sectores de la oligarquía.
En esa perspectiva, consideramos es necesario avanzar en tres objetivos: Legitimar y proyectar la lucha de los sectores populares organizados y no organizados por cambios estructurales, ganando la voluntad y consenso por un nuevo país para la vida digna en el marco de una sociedad socialista. Estructurar la fuerza social y política por los cambios y las transformaciones -un Frente Unido desde el legado de Camilo-, asegurando a su interior la alianza obrera, campesina y popular, desde de los mecanismos de articulación y coordinación existentes: la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, la Convención Nacional Campesina, el Pacto Histórico más allá de un acuerdo electoral, el Comando Nacional Unitario, la Coordinadora Nacional por los Cambios, las plataformas de mujeres, los procesos de articulación juveniles- estudiantiles, los espacios de coordinación de los pueblos étnicos, los mecanismos para la participación en el proceso de paz, entre otros. Y construir una agenda de cambios y transformaciones para avanzar en las reformas realizables en este período y proyectar las transformaciones de largo alcance, con base en los pliegos reivindicativos, plataformas de lucha y los Planes de Vida construidos históricamente.
A manera de síntesis, desde la concepción Camilista de construcción del sujeto histórico, el movimiento popular está frente al reto de trascender la agenda reformista que pretende encasillarlo en una visión conciliacionista, avanzar en el fortalecimiento de su identidad e independencia de clase, retomar los niveles de movilización y protesta alcanzados durante el paro nacional y el levantamiento popular, y transitar en la construcción de poder popular con base en una agenda de lucha autónoma.
Equipo de Conducción Política
CONGRESO DE LOS PUEBLOS
Notas al pie:
[1] Torres, Camilo. Mensaje al Frente Unido del Pueblo. Periódico Frente Unido No. 13, 25 de noviembre de 1965.
[2] Plataforma para un Movimiento Popular, propuesta de Camilo Torres, base fundamental para la posterior Plataforma del Frente Unido del Pueblo. En Unidad en la diversidad, Camilo Torres y el Frente Unido del Pueblo (aportes para el debate). Corporación Kabisilla, Ediciones Desde Abajo, Periferia Fondo Editorial.
[3] Idem
[4] Declaración política Asamblea Nacional Popular. Bosa, 6, 7 y 8 de junio de 2021
[5] Plataforma para un Movimiento Popular, propuesta de Camilo Torres, base fundamental para la posterior Plataforma del Frente Unido del Pueblo. En Unidad en la diversidad, Camilo Torres y el Frente Unido del Pueblo (aportes para el debate). Corporación Kabisilla, Ediciones Desde Abajo, Periferia Fondo Editorial.
