CONGRESO DE LOS PUEBLOS Y SU LUCHA CONTRA EL FRACKING

Mientras las potencias capitalistas usufructúan las fuentes energéticas de la periferia, especialmente del sur global, niegan la proximidad del colapso planetario, obstruyen la transición energética justa y popular, proponen capitalismo verde y falsas soluciones energéticas a la humanidad.

La voracidad y el saqueo capitalista conducen al agotamiento de las fuentes de energías fósiles de los pueblos del mundo, sin que estos se beneficien social y económicamente; peor aún, sin que se hayan preparado cultural, política, económica  y tecnológicamente para un inminente cambio climático. El sometimiento y la barbarie extractivista llega a tal punto que los Estados, naciones y ciudadanos dejan de ser los dueños de los bienes de la naturaleza para convertirse en clientes de la oferta energética del mercado privado. Las Naciones que tienen o tuvieron recursos energéticos fósiles dejan de ser productores soberanos autoabastecidos y autosostenibles para quedar esclavizados a las importaciones energéticas.

Esta  situación es evidente en materia de hidrocarburos en Colombia y México, entre otros, que perdieron su soberanía y autosuficiencia energética como resultado de tres procesos: 1) el declive geológico de la producción de gas y petróleo convencional, 2) el incremento de la generación eléctrica mediante gas y carbón, y 3) el crecimiento del consumo industrial de la electricidad y del uso directo de gas tanto de electromovilidad como el domiciliario, vinculado al modelo  exportador establecido en los Tratados de Libre Comercio con América del Norte. Los mismos saqueadores y sus cómplices criollos bajo la premisa de recuperar la soberanía energética y reducir la dependencia de las importaciones de gas se han planteado la explotación de yacimientos de gas no convencionales por medio del uso de la técnica del fracking.

La falsa solución del gas como elemento de la transición obtenido con la técnica del fracking, o uso de la técnica de perforación horizontal multietapas puesto en la agenda pública de país, con la idea de superar el presunto déficit energético y alcanzar el autoabastecimiento en una visión que está íntimamente ligada a las lógicas de mercado capitalista, mas no a decisiones en materia de soberanía energética y popular, y muchísimo menos a la justicia ambiental y social.

Entre las tensiones centrales de este debate global, aparecen los licenciamientos, la exploración y producción de petróleo y gas, el abastecimiento de crudos de carga a las refinerías, la producción de diésel y gasolina en los volúmenes y parámetros de calidad requeridos, el precio de los combustibles, la disponibilidad de gas, la generación eléctrica y su infraestructura de distribución, la aceleración de los denominados proyectos estratégicos de minerales, agua y tierras raras y la competencia regional por recursos de inversión; todos ellos temas principales que marcan la agenda del sector desde la visión del mercado empresarial privado del poder hegemónico imperial.

Mientras tanto, la disputa que libra el campo social, ambiental, indígena, campesino y popular, en la que se ubica el Congreso de los Pueblos, propende por la definición de un nuevo modelo de sociedad que reconozca la crisis civilizatoria, los limites planetarios, la destrucción que ha producido el capitaloceno y la urgente necesidad de examinar las lógicas de producción, distribución y consumo de energía, que bajo la egida imperial, ha destruido la humanidad y la naturaleza de manera permanente y progresiva. Más allá de la propiedad pública de los sistemas energéticos, la renta y el contrato petroleros y el sistema general de regalías, es momento de examinar el extractivismo en todas sus dimensiones y profundizar, con enfoque social y popular, la transición al ecosocialismo.

El asunto del gas

Con la caída de la producción del gas disponible para el consumo interno, los capitalistas reconfiguran sus narrativas extractivistas en favor del fracking como si esta fuera la única salida para su obtención. En países como México y Colombia, se presentó aumento en la demanda de gas y se incrementaron  sus importaciones desde Estados Unidos, coincidiendo con el auge de la producción de gas de lutitas (shale gas) extraído mediante fracturación hidráulica (fracking), que permitió a Estados Unidos pasar de importador a tener un excedente para exportación. Producto de esta realidad en Norteamérica, las importaciones de gas en Colombia alcanzaron un 39%, mientras que México en las últimas tres décadas promovió la construcción de una gran red de ductos para ampliar el transporte del gas hacía diferentes áreas de su territorio; incluso, llegó a la construcción de terminales de licuefacción para su exportación marítima (Pérez y Ferrari, 2025).

En 2024, el déficit energético para el caso mexicano alcanzó casi el 25%, principalmente por la importación de gas seco, gasolina y diésel desde los Estados Unidos (SENER, 2025). Mientras que el gas natural que viene del exterior a Colombia ya representa más de una tercera parte del total de la oferta, y en gasolina se mantiene una importación superior al 40% del consumo nacional, principalmente porque Ecopetrol S.A. no produce la cantidad y calidad de combustibles requeridos, ante fallidos y negados proyectos, como la modernización de la refinería de Barrancabermeja (PMRB), que también  incluía los objetivos de cargar mayoritariamente crudos pesados de los cuales dispone abundantemente el país.

NO al fracking en Colombia. Los gobernantes y empresarios dicen que tenemos gas y petróleo en grandes volúmenes en cuencas como la del Valle medio del Magdalena, Cesar, Guajira, Catatumbo y el Huila mostrando las cifras energéticas y económicas como una gran oportunidad para el desarrollo de los yacimientos no convencionales con el uso de la técnica del fracking. Pero no señalan por supuesto los riesgos ya identificados en materia de: gravísimas afectaciones a las fuentes de agua superficiales y subterráneas, graves riesgos a la salud por radiactividad, sismicidad por reinyección de fluidos, intensiva ocupación de suelos,  elevadas extracciones de arenas para el fluido propante (mezcla), emisiones de metano y gases de efecto invernadero, exposición de ripios de rocas con presencia de metales pesados, entre muchos otros efectos negativos para la reproducción de la vida en todas sus formas.

El costo hídrico del fracking. Los altos requerimientos hídricos del fracking no solo constituyen una de las principales preocupaciones en cuanto al uso de esta técnica para la explotación de petróleo y gas, sino que también representan una de las limitaciones materiales más importantes para su implementación. El consumo típico de agua de un pozo no convencional en el que se emplea fracturamiento hidráulico puede oscilar entre los 4 mil y 40 mil metros cúbicos de agua [Mm3], o lo que es equivalente a 4 y 40 millones de litros [MMl] por pozo (ver distintos trabajos citados en Flores & Llano, 2024). Con el paso del tiempo se ha observado un aumento en los niveles de consumo de agua por pozo (Kondash et al., 2018; Hernández-Espriú et al., 2019).

Implicaciones y riesgo de la dependencia estructural del fracking. Uno de los aspectos más interesantes sobre la explotación de recursos petroleros no convencionales mediante fracking tiene que ver con su naturaleza productiva, la cual obedece a un ciclo rápido y corto en comparación con los recursos convencionales (Wachtmeister & Höök, 2020). Esta naturaleza hace que sea posible obtener de manera relativamente rápida, producción de hidrocarburos, pero, al mismo tiempo, debido a que los pozos empleados para ello declinan de forma acelerada, se genera una dependencia de perforación continua, que de no satisfacerse provoca una caída abrupta en los volúmenes productivos.

Los fósiles como realidad energética y económica actual para Colombia y los caminos de transformación con el cual rechazamos de plano la utilización del fracking.

La consideración de recurrir a la explotación de los recursos no convencionales del país deriva de la profunda dependencia económica que Colombia guarda de las exportaciones de carbón y petróleo, donde se tiene una situación crítica con exportaciones que llegan al 50% de la balanza exportadora nacional. Recurrir a la explotación de yacimientos no convencionales con fracking para intentar aumentar los ingresos económicos del país o la suficiencia energética para presuntamente cerrar la brecha entre la oferta y la demanda de petróleo y gas, se encuentra en función del nivel de consumo que se tenga, del nivel de cobertura interna o nivel de autosuficiencia deseado, y de la capacidad de suministrar petróleo y gas desde fuentes convencionales.

Sin embargo, la experiencia en materia de hidrocarburos de los últimos cuarenta años muestra la dificultad de poder revertir las tendencias declinantes en materia de producción petrolera y gasífera.  La historia reciente nos muestra, además, que los pronósticos de producción tanto de Ecopetrol como de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) siempre han sido muy optimistas y nunca se han cumplido. Por lo tanto, resulta más realista considerar escenarios en donde hay dificultades para sostener la producción nacional de petróleo y gas convencional. De ser este el caso, entonces el fracking no podría ser empleado simplemente como una fuente complementaria para cubrir faltantes, sino que sobre estos recursos recaería el peso de conseguir los niveles de suficiencia energética buscada, lo cual implica una implementación más intensiva de esta técnica, una dependencia de sus inciertos, costos y riesgosos resultados; así, como un retraso y desorientación estratégica en el sendero del cambio tecnológico que continúa avanzando.

la suficiencia en materia energética de Colombia no tiene que ser necesariamente resultado de un aumento de la oferta, como siempre se pretende, sino que puede obtenerse por medio de una reducción de la demanda, tanto por medio de sustitución de fuentes como por un ahorro y reducción absoluta. Dentro de ello se debería considerar aspectos como: 1) descarbonización  de la matriz energética y eléctrica colombiana mediante una mayor contribución de fuentes renovables, aunada a un decrecimiento del consumo; 2) políticas de ahorro y uso eficiente de los combustibles fósiles, con especial énfasis en el carbón y gas, particularmente en los sectores más intensivos y orientando los hidrocarburos convencionales hacia la petroquímica; 3) una reconversión  industrial del país incorporando la transformación económica y productiva regional, privilegiando las necesidades básicas del mercado interno, es decir, garantizar el autoabastecimiento nacional, sobre las exportaciones. No es lógico vender barato, para luego comprar caro y bajo condiciones de subordinación.

Una reducción planeada y organizada del consumo de carbón, petróleo y gas en los próximos años podría considerarse un logro, especialmente hoy cuando las políticas energéticas y económicas del país parecen caminar en sentido contrario.

En este sentido es necesario adelantar las caracterizaciones energéticas regionales, llevar a cabo estudios profundos sobre el metabolismo de los combustibles fósiles y de los flujos de consumo en el país.

Justo desde allí, abrazamos la jornada mundial contra el fracking y nos unimos a los pueblos del mundo que luchan contra el capitalismo y su saqueo imperialista; para que juntos y juntas hagamos posible el cuidado de la casa común, la justicia social y ambiental, pero ante todo el buen vivir de los seres humanos y la naturaleza; construyendo soberanía energética, es decir, una nueva geometría del poder, que permita el disfrute de la energía y el territorio como derecho fundamental, defendido y construido con el profundo sentido de humanismo y solidaridad, bajo un enfoque social y popular.

 

Congreso de los Pueblos Colombia – Octubre 10 de 2026.