En su primer Plan de Desarrollo, el gobierno de Juan Manuel Santos perfiló cinco locomotoras que, supuestamente, impulsarían el crecimiento económico de la nación: la locomotora mineroenergética, de agronegocios, de infraestructura, de vivienda y de innovación. En ese momento, la figura de la locomotora mineroenergética reflejaba la promesa de un camino cuyo riel sería la marcha hacia el progreso y la generación de riqueza. En contraste, para las voces críticas la locomotora simbolizaba la máquina que arrasaría con modos de vida, territorios y pueblos.